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“O COMO DEMONIOS QUIERA QUE SE PRONUNCIE” por Mario Moros*

Rebeca Khamlichi (Madrid, 1987) no es una pintora. Es una forma de pintar. Tiene esa virtud que tienen los artistas especiales, los diferentes. “Tú y yo ya nos conocemos de algo, ¿verdad?” dan ganas de decirle a sus cuadros. Porque sus lienzos son de esos que se recuerdan antes de haberlos visto.

Khamlichi es nieta de Disney. Aunque si el viejo Walt viera el destino que le da a sus princesas probablemente se quedaría helado. Más helado. Porque las obras de Khamlichi son películas de Disney dirigidas por Michael Haneke.

Khamlichi es un limón barnizado de caramelo, algodón de feria con tequila, un bombón relleno de wasabi. Un dulce, en fin, que sí amarga. Porque el azúcar optimista de sus colores apenas alcanza a velar el oscuro poso del café amargo de sus historias. Algo así como si nos remitiera en un sobre color pastel de cereza, el ántrax mortal de la angustia. Algo así como agotar los pantones en colorear las pinturas negras de Goya.

Dicen que tiene también Khamlichi un parentesco lejano con el maestro Takashi Murakami: primos segundos por parte de paleta. Khamlichi es manga y copla: Doña Concha Piquer arrancándose por haikus. Porque a Khamlichi el futuro la ha pillado joven, la posmodernidad se le queda antigua, el mañana es una cosa tan de ayer…

Por eso, con rigurosa impuntualidad, Khamlichi llega un minuto antes de que las cosas importantes ocurran. Y lo que en otro artistas sería defecto (no estar allí cuando pasa lo trascendente) en ella es inquietante virtud. Con Khamlichi, el mastín de Las Meninas no habría llegado a tumbarse, la Mona Lisa posaría circunspecta y en Gernika-Lumo andarían mirando el cielo en busca de aviones. Porque Khamlichi congela a los personajes antes de que lleguen a hacer lo que esperamos que hagan. Y nos deja con la mezcla de ansiedad y dudas sobre qué terminará ocurriendo: ¿Se arrojará por la ventana la chica que en este momento sólo mira a través de ella?, ¿qué pose adoptará la Virgen para que la pinten el resto de los artistas?, ¿qué cara pondrá la princesa cuándo la despierten sus queridos fantasmas?

En alguna ocasión la escuché decir que pinta porque los acrílicos se dispensan sin receta médica. Quizá eso explique la obsesiva perfección de su línea clara, de los colores planos que salen del photoshop artesanal de sus manos: Khamlichi puede invertir una mañana entera para perfilar un contorno negro y por la tarde taparlo para empezar de nuevo. Y eso que no se habla con doña Perspectiva ni conoce de nada a la señora Composición Tradicional. Y que con lo que ella no sabe de Historia de la Pintura se podría suspender a toda una clase de Bellas Artes. Pero es que el talento hace años que hace novillos. Y el suyo es tan incuestionable como atrayente.

Por eso no es muy arriesgado apostar a que Khamlichi es una de esas artistas que tendrá legión de imitadores. Que lo hagan, porque ellos heredarán sus defectos. Nunca sus virtudes.

Probablemente, en fin,  usted, como yo, seamos incapaces de deletrear a la primera correctamente su apellido. Pero, veamos donde veamos una obra suya, sin duda sabremos que es de ella, de la artista del nombre raro, la tal Camlichi o Jamliche o como demonios quiera que se pronuncie esa otra obra de arte que tiene por apellido…